Todo empezó aquel día: hacía frío, yo salía, frotándome las manos, de mis clases de guitarra. Estaba feliz, aquello me gustaba, era mi medicina para poder vencer los obstáculos que la vida, tan jodida como siempre, ponía en mi camino.
Fue entonces, ese anochecer, cuando te vi, me llamaste la atención por aquella funda negra que llevabas a la espalda, la funda en la que se refugiaba tu guitarra, esa cosa mágica que tantas cosas hace sentir. Luego te miré los pies, siempre miro los pies de la gente, unas Converse grises completamente mojadas, como yo, hasta el fin del mundo. Supongo que sentí algo especial, una atracción que nunca antes había sentido, en ese momento daría lo que fuera por ir a hablar contigo. Te miré, me miraste, sonreímos y viniste, siempre recordaré tus palabras, esas palabras: "Otra como yo, bonita chapa. ¿Tienes frío?"
Nunca me olvidaré de ese día, de esas palabras, de esa voz...la misma que me acaba de decir: "Cariño, coge tu guitarra que nos vamos."
Rarezas: 1) El poder de una mirada, de una gran mirada.
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